¿Qué son los stakeholders?

¿Qué son los stakeholders?

La empresa Ropa Deportiva Genial quiere ganar mucho dinero. Tiene derecho a hacerlo, ¿no? Después de una comida de trabajo de cuatro horas, sus directivos acuerdan lo siguiente: fabricar sus productos en Bangladesh, donde miles de niños están dispuestos a coser balones y a bañarse en tintes tóxicos en sótanos pestilentes a cambio de 12 euros al mes. Consideran que es una forma eficaz de recudir costes, de aumentar la producción y, en definitiva, de forrarse. Tres hurras por la globalización.

¿Le importan a Ropa Deportiva Genial sus empleados? No. ¿Y las condiciones de la gente que reside en la barriada bangladeshí donde tiene previsto montar el chiringuito? Tampoco. ¿Le importa que a sus clientes les disguste saber que sus zapatillas las ha fabricado una criatura de nueve años en una pocilga, desnuda y a oscuras? Por supuesto que sí. ¡Por eso ha decidido ocultárselo! Porque lo único que le interesa a la compañía es tener contentos a sus accionistas.

Ropa Deportiva Genial pasa olímpicamente (los ignora y hasta les engaña) de la mayoría de sus grupos de interés (también llamados stakeholders), definidos como los conjuntos de personas que se ven afectados por la actividad de las empresas y que, en mayor o menor medida, pueden influir en ella.

Según el filósofo R. Edward Freeman, responsable en 1984 de la introducción del término en la jerga de los negocios, dentro de la masa que constituyen los grupos de interés existen dos grandes bloques:

1. Los primarios, que resultan fundamentales para el correcto funcionamiento de las principales ramas de las corporaciones (los accionistas, los empleados, los directivos, los clientes, los bancos o los proveedores).

2. Los instrumentales, con poder para influir en los primarios (como las ONG y los activistas, los periodistas o las administraciones públicas).

Cualquier empresa con dos dedos de frente se toma la molestia de identificar y tener en cuenta a sus stakeholders cuando diseña una estrategia, lo cual repercute de forma positiva en su productividad (las personas trabajan mejor cuando están contentas, por ejemplo), en sus resultados (el cliente satisfecho siempre vuelve) y en su imagen, lo cual entronca con el concepto de responsabilidad social corporativa, definido como el conjunto de actividades que emprende una compañía para mejorar su entorno.

Desde luego, la gestión de los stakeholders no es sencilla, dada la cantidad de grupos existentes y la frecuencia con la que chocan sus intereses. La clave reside en priorizar (no todos los stakeholders son igual de importantes) y en desarrollar las habilidades necesarias para comunicarse, negociar y conciliar.

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