Economía argentina: desde la privatización de los servicios públicos hasta el corralito del 2001

Economía argentina: desde la privatización de los servicios públicos hasta el corralito del 2001

Una economía de subidas y de bajadas. Argentina ha pasado en menos de cien años de estar entre las diez naciones más ricas del mundo a situaciones de pobreza para la mayoría de su población. Sus recursos y servicios han pasado una y mil veces de las manos públicas a las privadas, según el interés del que gobernara.

A principios de los 90, el presidente, Carlos Menem, decidió equiparar la moneda argentina (el peso) al dólar, en paridad uno a uno. De esta manera pudieron detener la constante subida de precios (hiperinflación) que sufría el país y por esto, los argentinos pudieron comprar cosas que hasta entonces ni se habían imaginado por los altos precios. Pero mantener este sistema de cambio es muy costoso, necesitaban recibir dinero inmediatamente. ¿Cómo lo consiguieron? Una de las vías fue vender a empresas privadas muchos servicios que daba el estado (transporte, telefonía, correos, la petrolera YPF…). Los beneficios de estas operaciones fueron a parar a los bolsillos de funcionarios corruptos y Menem pasó del cielo al infierno, además de corrupción, se acusó a su gobierno de venta fraudulenta de armas.

La industria argentina no podía competir con la extranjera porque el Estado no ayudaba y también se arruinó. Se añadía un paro de más del 30%. Aunque se subieron los impuestos a las clases más ricas (IRPF) y las que no (IVA y otros impuestos al consumo, que no dependen de la cantidad de dinero que se tenga), los plazos que exigía el Fondo Monetario Internacional, que era quien prestaba el dinero a Argentina, no se cumplieron, la economía sumergida (que no pasa por el control de Hacienda) aumentaba y la población decidía trasladar su dinero a otros países como Brasil, socio comercial y con producción barata, o sacar sus ahorros de los bancos. En esta situación crítica, Fernando de la Rúa, llevando dos años en la presidencia, declara el 2 de Diciembre de 2001, el “corralito” (en Argentina llaman así al parquecito con suelo acolchado y recubierto de tela donde juegan los niños pequeños): se prohibía sacar el dinero ahorrado que se tenía en el banco. Pagar con cheques o tarjetas de crédito estaba permitido, pero el efectivo estaba limitado a 250 pesos a la semana.

Esta situación provocó una oleada de revueltas, manifestaciones en la puerta de los bancos con cacerolas (“los cacerolazos”), y de la Rúa acabó su mandato. En las siguientes dos semanas se sucedieron varios presidentes, Argentina suspendió pagos y acabó con la conversión uno a uno que tenía con el dólar. Después de los primeros meses de 2002, la economía volvía a ver algo de luz.

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